En la mitología griega, los lotófagos (los que comen loto), era un pueblo mítico que los antiguos identificaban con los habitantes de una población al nordeste de África.
Se nutrían única y exclusivamente de la flor de loto. Según la tradición, este alimento provocaba la pérdida de memoria. Cuando Odiseo y sus compañeros volvían de la guerra de Troya, fueron desviados por el viento, llegando a la tierra de los lotófagos. Éstos les ofrecieron loto, tras lo cual los navegantes olvidaron su patria. Finalmente, Odiseo consiguió que los marineros volviesen a sus embarcaciones, para seguir rumbo a Ítaca.